domingo, 13 de septiembre de 2009

Mi Regreso a Casa

Entre tantos buses expulsando el bullicio de sus bocinas, tímidos rayos solares que se asoman a este crudo invierno actual, roncas voces de los cobradores llamando a los pasajeros que suelen viajar en sus líneas de transporte, niños que suben a los carros vendiendo sus golosinas, entre apretujones humanos y mil destellos de visiones distintas, así empieza el recorrido a casa, que dura cerca de una hora.

Siempre con unos audífonos en las orejas, escuchando las canciones que tengo en mi reproductor de música, hoy quise escuchar un poco de Reggae, siempre me relaja, me transporta a sentir diversas sensaciones, recordar cosas que me pasaron, algunas tristezas, alegrías también, todo gira en torno a la armonía musical supongo.

Me despido de mis amigos de la “Bau” y camino rumbo a la avenida Pershing, esperando que las luces del semáforo cambien de rojo a verde. Llego a fastidiarme y a desesperarme, cuanto mas espero algo, más se demora, pero bueno, hasta que por fin llega el momento, me dirijo hacia el frente a esperar el carro, otra inquietud que me hace experimentar la ansiedad.

Después de unos largos y eternos diez minutos siento como mi estomago ruge de hambre, ya es la una de la tarde, ya es hora de almorzar.

Se aproxima el bus y por los audífonos se escucha “Mundo”, una canción de Jagannatha, que es como un llamado a nuestra conciencia por el daño que le hacemos al planeta.Encontré un asiento vacío en la parte posterior, al costado de una señorita muy atractiva, le pido permiso para pasar y ahí empieza una nueva historia. La avenida Javier Prado, a esa hora de la tarde, es interminable, el exceso de carros y la mala coordinación de los efectivos policiales hace que, para circular cinco cuadras demore cerca de veinte minutos, es un caos total al cual ya estoy acostumbrado, y si no tuviera un mp3 posiblemente ya me hubiera vuelto loco.

“Huy, que buena canción!” está sonando “Cuentame” de “Shiva Shanti”, un tema que habla sobre el amor y la pena de haber dejado a una persona que se quiere, yo no soy romántico y creo que para que eso cambie, primero mí Perú debe llegar al mundial, es decir, algo imposible. Pero tampoco negaré que he querido mucho a una persona que se volvió mi compañera inseparable durante cuatro años de mi vida, desde que estuve en tercero de secundaria. Esta canción la repito mas de tres veces porque es un tema que en algún momento escuchamos juntos y los quince minutos que dura no es suficiente para poder recordar las cosas que pasamos.
Pero basta de sentimentalismos, por fin pasamos todo el tránsito y llegamos a la vía expresa, desde ahí ya los vehículos pueden circular con más facilidad y rapidez. Mientras el bus avanza y yo voy mirando las calles de Lima se me cruzan muchas cosas por la mente, ideas, planes, proyectos, recuerdos, en fin, muchas cosas.

El aburrimiento y el cansancio se hace presente en mi trayecto a casa, ya estoy alrededor de cuarenta minutos viajando y es en ese momento que sube un niño de aproximadamente ocho años que con un peine y una lata de leche vacía canta a viva voz la tan famosa canción de Chacalón, “Viento”. Ofreciendo golosinas, pidiendo que los pasajeros le apoyen para poder alimentar a sus hermanos menores, a su madre está enferma, a su padre que abandonó a su familia, no se si creerle o simplemente ignorarlo, si seguir mirando los automóviles que pasan a mi alrededor, no se… generalmente todos los vendedores que suben a los carros dicen lo mismo, pero decidí comprar los chocolates que ofrecía por el simple hecho de que ese pequeño no debería estar trabajando, sino estar en el colegio estudiando, en casa haciendo tareas o jugando con sus amigos, pero, no se puede hacer mucho o casi nada. En fin.

Me emociona saber que ya llegaré a casa, que en la mesa encontraré el almuerzo del día, que en el segundo piso me espera la computadora para conectarme al Messenger o ver mi facebook, que en mi dormitorio está mi cama que me recibe siempre cómoda al momento de descansar y que hoy por la noche redactaré mi tan aburrido regreso a casa.

Estas líneas las escribí fumando unos “Lucky” que se consumen cada vez que le doy “una piteada” y con los parlantes del ordenador en su máximo volumen escuchando Morodo, un excelente grupo de música Reggae, relajandome, cosa que me permite pensar y recordar todo lo sucedido hoy, jueves 10 de setiembre del 2009.

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