martes, 1 de diciembre de 2009

Tan bella como tú

Vivo en Lima hace diecinueve años, es decir, toda mi vida. Creí conocer la ciudad a la perfección, de tarde o de noche, no había diferencias. Pero, me equivoqué, porque hace unas semanas descubrí que no era así, me faltaba conocer la pulpa de esta Lima que, con sus toques de violencia y contaminación, es bella y eso lo refleja en la hermosa Plaza de Armas o su incontrastable Plaza San Martín.

El centro de la ciudad es lo más bello que pude observar un sábado a las ocho de la noche, su iluminación, sus casonas viejas, sus balcones, todo eso le dio vida a mis ojos. El contraste entre lo antiguo y lo moderno en Jirón de la Unión es fantástico, y a eso se sumó el cielo despejado con una luna llena que vigilaba cada segundo que transcurría.

Las piletas y monumentos en la Plaza San Martín se volvió el punto perfecto para sentarnos a conversar. Sus pintorescos personajes que aparecen de cuando en cuando ofreciendo rosas para el amor de tu vida, ancianos que hacen de cupidos y a la vez entonan antiguas canciones que, según ellos, creen que así conquistarás a esa bella persona que tienes al lado y niños que se asoman vendiendo dulces es lo que se encuentra en abundancia allí.

La salida terminaba, pero en el transcurso a casa se veía una Plaza Grau totalmente distinta, ahí donde años atrás era el lugar perfecto para la delincuencia y drogadicción hoy se ve tan limpia y segura que da gusto pasar una y otra vez por allí, a pocos metros ya falta poco para que se termine la tan ansiada vía de "El Metropolitano" y cuando lo vi pensé en mi mente...¡Que bonito es Lima carajo!.

Así es Lima, una ciudad con dulces toques de armonía y con grandes dosis de delincuencia y violencia que día a día son las principales noticias que se transmiten en los noticiarios. Hay que cuidar nuestra capital, porque ya ha sido reconocida a nivel mundial por algunas obras construidas y que eso nos haga sentir realmente orgullosos de lo que tenemos a nuestro alrededor. Lima…la más bonita de todas, y si es con una linda compañía se vuelve majestuosa.

Mi Habitación: Recuerdos y memorias

Todos tenemos un lugar en casa que nos conoce desde pequeños. Ese rincón es nuestra habitación, cuatro paredes que si hablaran contarían cada una de nuestras penas, alegrías y travesuras. Esas paredes que me vieron crecer y hoy, con una lapicera en mano escribirá un poco de lo que ha visto hace 19 años.

Conocí a Gerardo cuando él era muy pequeño, cuando se colocaba sus zapatillas y salía desesperado a jugar fútbol con sus amigos, también cuando llegaba la época de carnavales y dejaba sus ropas mojadas en el piso. Lo vi crecer, llorar, reír, pude presenciar los diferentes uniformes cuando le cambiaron de colegio. Cuando se sienta con sus cuadernos y estudia, al llegar la noche se acurruca entre sus sábanas para descansar y al día siguiente empezar lleno de energías positivas.

Sus penas y tristezas están guardadas en un cajón dentro de mí, y así como se lo juré, ni una sola persona lo podrá abrir. Sus sonrisas pícaras las observo desde el techo blanco. No puedo soportar el ruido de la música que escucha, me siento en otro planeta, llego al punto de la desesperación, pero no puedo hacer, yo soy suya.

Lo vi por primera vez hace diecinueve años, cuando sus llantos descontrolados me estresaban, y ahora que ha pasado tantos años, me siento orgullosa de haber albergado dentro de mí a una persona con metas y propósitos, con miras hacia un futuro mejor.

Sé que con todo lo que se ha propuesto en unos años me cambiará, pero no importa, porque lo recordaré con mucho cariño y amor. Tendré un pedacito de él en mi ser, porque al mirar las esquinas sabré que en mí pasó los mejores años de su vida.