sábado, 31 de octubre de 2009

Es una mañana tranquila, pasiva, el sol va iluminando de a pocos la ciudad. Los canticos de las aves son los primeros ruidos que se escuchan en Lima.
Es 24 de diciembre...es Navidad.

El mercado central es un punto de la cuidad muy concurrido para hacer las compras navideñas, esa mañana, como es habitual, se repletó de gente que llenaba las galerías para obtener los últimos productos. A pocas cuadras los delincuentes esperan ansiosos para arrebatarles de su poder los regalos que han comprado, algunos de ellos para venderlos y obtener drogas y alcohol, de esta forma pasar la noche buena en el río Rímac, debajo de un puente, allí donde los que no tienen escrúpulos ni moral suelen andar. Otros malhechores para llevarlos y dárselos a sus hijos, esposas, etc.

María estaba ubicada entre Wilson y Quilca, parada esperando un taxi un taxi que la llevaría a su casa para preparar la cena navideña, en la esquina de enfrente estaba "Rodo", un joven ladrón que esa mañana, antes de salir de casa a "trabajar", le rezó al Señor de los Milagros, jurándole por sus pequeños hijos de 2 y 4 años y por su mujer que ese día sería el último que cometería una fechoría.
Rodo vio a María, cerró los ojos y se persinó, cruzó la autopista que los separaba y llegó hasta la posición de su víctima, intentó despojarla de su bolso que tenía colgado en el hombro derecho pero la resistencia que puso María llevó a que el facineroso desespere, sacó su revólver calibre 38 y le disparó en la cabeza, cogió el bolso y empezó a correr desesperadamente.

No sabía a dónde iba, corría sin dirección alguna, de casualidad e inconscientemente llegó a la Iglesia de Las Nazarenas, se detuvo y observó profundamente la imagen del Cristo morado, su mente se nubló y en un momento vio a sus dos pequeños y a su esposa. Rodo sacó su revólver con la última bala cargada, no sabía si iba a morir o el Señor de los Milagros le daría una última oportunidad para cambiar su vida, se la puso en la sien, apretó el gatillo y sintió un dolor de cabeza que por un segundo cruzaba de izquierda a derecha, junto al malestar pasaba también todas las cosas que hizo en sus cortos veinte años.

Entre llantos y gritos de mujeres que observaron lo sucedido, personas que se quedaron atónitas ante lo que observaron, el cuerpo de Rodo se desplomó sobre su propia sangre. Las sirenas de la ambulancia que llegaba para solo recoger el cuerpo se escuchaban en Wilson y Quilca, allí en donde aun yacía el cuerpo de María.

En su casa los planes cambiaron completamente, ni el pavo que estaban aderezando llegó al horno, la navidad se tornó triste y llena de pena. A la medianoche entre fuegos artificiales que explotan en el cielo, abrazos y buenos deseos, Rodo llegó a su familia de manera espiritual, sus dos pequeños dormían confundidos porque su padre no llegaba a casa a comer panetón como se los prometió y su mujer que sentada en su cama lloraba descontroladamente frente a una foto que se tomaron juntos.

6 comentarios:

  1. Habla tio! oe me gusta como escribes, primera vez que entro a tu blog jaja esta muy bueno! :D sigue asi! :D

    Saludos,

    Juan Diego.

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  2. Sobrino, me gusto tu historia, ojala puedas seguir escribiendo mas ya que tienes creatividad.
    En esta navidad te estare enviando un regalo como premio a esta historia.
    Tu tio Gary

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  3. Gracias tio, justo estaba necesitando una laptop para hacer mis trabajos..jaaa!

    Un saludo para todos.

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  4. MUy bUen trabajo sUbrino, estas por bUen camino continUa hay mUcha creatividad.
    Ojala en Navidad el Tio Gary te de el regalo jajajajaja

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  5. Ojala que si tio porque la necesito con urgencia.
    En fin,gracias por los deseos.

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